América Latina, nuestra Patria Grande, es receptora de todos los problemas sociales, económicos, políticos y culturales que agobian al mundo; pero el mayor y más grave de los problemas que soporta se llama Estados Unidos de América, en sus actitudes y comportamientos imperiales.

Estados Unidos de Norteamérica, a partir de la década de los noventa del siglo XX, se ha convertido en la potencia hegemónica, unipolar, a escala global. En su rol imperial aspira a dominar al mundo y para ese objeto ha diseñado una serie de geoestrategias que en América Latina se concretan en interminables agresiones e intrusiones, en inaceptables ingerencias, en inacabables acciones de la CIA, DEA y demás servicios de inteligencia que cometen todo tipo de atropellos y crímenes en contra de nuestros pueblos, siempre, con extraordinario cinismo e ironía, en nombre de la libertad, la democracia y defensa de los derechos humanos.

Valores groseramente manipulados con el propósito de proteger los sacralizados intereses económicos y políticos estadounidenses. Para esos fines, Estados Unidos, a través de la CIA, ha intervenido directamente en los procesos electorales y democráticos de América Latina para lo que ha desarrollado planes de guerra sicológica en los medios de comunicación social e invertido millones de dólares, y así se opuso al triunfo de Salvador Allende en Chile, de Daniel Ortega en Nicaragua y lo mismo en Brasil, Honduras, El Salvador, Guatemala, por ejemplo. Para comprobar estas afirmaciones bastaría recorrer las páginas de los diarios de América Latina o recurrir a libros escritos por norteamericanos, latinoamericanos, europeos y asiáticos.

Estas son las conclusiones fundamentales a las que llegan numerosos estudios, ensayos, análisis, revistas, medios de comunicación social y obras realizados por diversos centros de documentación, universidades norteamericanas, europeas y latinoamericanas. Intelectuales de todo el mundo, profesores y académicos, politólogos, cientistas sociales, organizaciones de la sociedad civil de distintas ideologías, e inclusive ex agentes de la CIA y personalidades de las administraciones estadounidenses, inexorablemente, critican con dureza las actividades imperiales y, en particular, las operaciones clandestinas y encubiertas desarrolladas por agentes de los servicios de inteligencia a las órdenes de la Casa Blanca y del poder político y económico en todo el mundo, especialmente en América Latina, considerada como el «patio trasero» de Estados Unidos.

En nuestra América Latina han surgido gobiernos que libran duras batallas para rescatar la soberanía, independencia y dignidad. Esos pueblos son: Brasil, Venezuela, Argentina a los que paulatinamente se van uniendo otros como Uruguay, un poco Paraguay y algo Chile y Panamá, en tanto que gobiernos de la naturaleza y calaña de Colombia, Ecuador, Perú y la casi totalidad de centroamericanos y del Caribe mantienen condiciones de sumisión, humillación y desesperanza, porque decidieron alinearse con las geopolíticas de dominación de Washington y, naturalmente, aceptar los dictados e imposiciones del FMI, BID y de la tétrica CIA que han sembrado miseria, desolación y muerte en nuestras patrias.

La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, en 1963 derrocó al Presidente Carlos Julio Arosemena Monroy del Ecuador e instaló una tenebrosa Junta Militar que se caracterizó por el irrespeto a los derechos humanos: encarceló, exilió y mató a ecuatorianos progresistas y democráticos.

En 1981, al decir de su hermano político y ex Presidente Abdalá Bucaram y otros, la CIA saboteó el avión en que viajaba el Presidente Jaime Roldós, su esposa y su comitiva. Todos murieron.

En la actualidad Estados Unidos presiona -con chantaje de por medio- para que el Gobierno ecuatoriano firme otro convenio que exoneraría a tropas y civiles estadounidense de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio ante la Corte Penal Internacional. La impunidad ante delitos execrables, la impunidad ante el terror imperial es el objetivo de Estados Unidos administrado por Bush II.

LAS AGRESIONES DE ESTADOS UNIDOS A NUESTRA AMÉRICA
Parece una interminable historia de horror y muerte. Hombres y mujeres considerados «peligrosos» para los intereses del Imperio han pagado con sus vidas el atrevimiento de denunciar los crímenes, vejámenes y humillaciones nacidos en las mentes prepotentes y expansionistas de la Casa Blanca, Departamento de Estado, Pentágono, o en las lujosas oficinas gerenciales de las poderosas empresas norteamericanas con pretensiones de dominación mundial, por medio del dólar y de las diversas formas de depredación de los recursos naturales de nuestros pueblos.

La política del garrote y de las zanahorias, del dólar y la corrupción, del engaño y la mentira, de las cañoneras y las agresiones militares, de la Seguridad Nacional de Estados Unidos, de la defensa de los sacrosantos intereses de las transnacionales, de la descarada injerencia en los asuntos internos de nuestros países, del chantaje y el soborno o repartición de coimas a gobiernos y vende patrias, han sido algunas de las estrategias de dominación imperial, que se reforzaron después de la II Guerra Mundial cuando en 1947, los expertos en espionaje y seguridad nacional, en invasiones militares y geopolítica de dominación, decidieron crear la Agencia Central de Inteligencia, CIA, que fue un engendro de la Ley de Seguridad Nacional de Estados Unidos de Norteamérica.

La CIA se ha convertido en todo el mundo y, en particular en nuestra América Latina, en Agencia Internacional del crimen. Fue dotada de facultades extraordinarias y violatorias de la misma Constitución Política de Estados Unidos. Tiene licencia para matar, conspirar, desestabilizar gobiernos, dar golpes de Estado, destruir la economía de las naciones, enseñar sofisticados métodos de tortura, encarcelar, perseguir, desaparecer personas. Tiene expertos en guerra sicológica, en armas de destrucción masiva, en sabotajes y terrorismo, en tráfico de armas y drogas estupefacientes y psicotrópicas.

Tiene un presupuesto de millones de dólares al año para destruir gobiernos, apoyar huelgas y paros, colocar bombas de alto poder explosivo, comprar conciencias, colocar agentes nacionales y extranjeros en puestos clave de los gobiernos, comprar espacios en medios de comunicación para manipular informaciones y hechos, para tergiversar y mentir. Carece de moral y no tiene ningún escrúpulo en el momento de liquidar a sus «enemigos». La CIA es el brazo clandestino del Imperio que «trabaja» en todo el mundo por medio de las tristemente célebres operaciones encubiertas. La CIA es una organización tétrica que siembra muerte y destrucción. En suma, es una organización de espionaje experta en violación de derechos humanos y libertades.

No hay un solo país latinoamericano que no haya sido víctima de algún tipo de agresión por parte de Estados Unidos de Norteamérica, en una cifra superior a las cien agresiones.

La Agencia Central de Inteligencia -CIA-, con sus acciones encubiertas derrocó al Presidente de Guatemala, Jacobo Arbenz en 1954, simplemente porque Arbenz se convirtió en un Presidente nacionalista que dictó leyes sociales y, en especial, la de Reforma Agraria que perjudicó los intereses de la United Fruit.

El 28 de abril de 1965, la República Dominicana fue invadida por Estados Unidos. Previamente la CIA había logrado derrocar el gobierno legítimo de Juan Bosh.

Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, Bolivia, Perú y Ecuador fueron las patrias sacrificadas ante el sagrado interés de Estados Unidos y de las transnacionales. América Latina se convirtió en el escenario de la campaña de Estados Unidos en contra del «comunismo internacional». Con ese pretexto organizó golpes de Estado, cimentó y protegió las dictaduras fascistas, estructuró las policías y ejércitos represivos que no se detuvieron sólo en matanzas colectivas sino que se esforzaron en la crueldad de las torturas, en asesinatos de inocentes, en la desaparición forzosa de millares de hombres y mujeres, de niños y jóvenes. La CIA y FBI participaron en la organización de la Operación Cóndor que durante los gobiernos fascistas se convirtió en una Internacional del Crimen de las agencias de inteligencia de los dictadores, que asesinó y torturó a miles de hombres y mujeres de nuestra América Latina.

El 11 de septiembre de 1973, Estados Unidos y la CIA desencadenaron el Golpe militar que derrocó y asesinó al Presidente de Chile Salvador Allende.

En la década de los 80, Centro América se convirtió en el campo de pruebas de la guerra contrarrevolucionaria de Estados Unidos. Miles de tropas y de agentes de la CIA del poderoso Imperio se desplegaron en Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. Por mano propia o por mano de centenares de mercenarios asesinaron y desaparecieron a cerca de 250 mil centroamericanos, según cálculos conservadores de organismos defensores de derechos humanos nacionales e internacionales.

En Nicaragua mataron a tanta gente que nunca se sabrá cuántos fueron. Con el pretexto de combatir a los sandinistas que derrocaron al sanguinario «Tacho Somoza» crearon los ejércitos mercenarios conocidos como la «contra» y por medio de ellos cometieron monstruosos crímenes en contra del pueblo nicaragüense. Para pagar a los mercenarios y contras, la CIA montó la infame operación conocida como Irán-Contras que vendía armas a Irán a pesar de la prohibición expresa del Gobierno y Congreso de Estados Unidos; luego compraban drogas para venderlas a los consumidores norteamericanos, para con las ganancias pagar armas y explosivos y los sueldos de los criminales mercenarios que asesinaban al pueblo nicaragüense.

Con estos hechos se demuestra la doble moral del Imperio y de sus agentes que luchan por «defender la democracia» cuando en realidad pisotean los derechos humanos y libertades de los pueblos.

En 1983, la pequeña isla de Granada se convirtió en víctima de la crueldad agresiva del Imperio. Previamente fue asesinado el Primer Ministro Maurice Bishop, naturalmente con la participación de la CIA.

En el caso de El Salvador se demostró que la CIA había penetrado en el gobierno venezolano de Herrera Camping, del COPEI, el que envió armas y vituallas a su homólogo Napoleón Duarte, hombre de Estados Unidos y la CIA.

En 45 años, Cuba ha sido víctima y mártir de las administraciones imperiales y de la tenebrosa CIA. Ha soportado con heroísmo el bloqueo genocida, la invasión armada por Playa Girón, sabotajes y todo tipo de actos terroristas, inclusive con el uso indiscriminado de la guerra químico-bacteriológica que provocó el dengue hemorrágico, la plaga del moho del tabaco, la fiebre porcina.

El Plan Colombia fue elaborado durante el gobierno de Pastrana, naturalmente con la asesoría, estrategias y órdenes del Departamento de Estado, CIA, Pentágono. Ese Plan fue «presentado» al gobierno de Estados Unidos, en una acabada muestra de sometimiento al poder imperial. Inmediatamente el gobierno de Clinton entregó la «ayuda» militar y económica en más de 3 mil millones de dólares que sirvieron para desatar las fuerzas represivas en contra del pueblo colombiano. El pretexto justificativo de ese Plan fue el combate al narcotráfico que ocultó la verdadera intencionalidad del Imperio: liquidar a las guerrillas de las FARC-EP y del ELN.

El «Plan Colombia para la Paz» fue acogido por los senadores DeWine, Grassley y Coverdell que lo transformaron en Proyecto de Ley S 1758, para que sea discutido y aprobado por el Congreso de Estados Unidos que fue rebautizado con el nombre de Alianza Act.

Ese Plan, ahora incrementado con el «Plan Patriota» ha significado el aumento de la violencia, la limitación o pérdida de los derechos humanos, la expansión militarista, la intensificación del conflicto armado que ha convertido a Colombia en un escenario en el que se desarrolla una verdadera orgía de sangre, muerte y destrucción.

Pero lo más grave es que Estados Unidos ha convertido a Colombia en una inmensa base militar con la participación de centenares tropas yanquis, agentes de la CIA y DEA. Paulatinamente se internacionaliza la guerra y se pretende obligar a las fuerzas armadas de América Latina a intervenir directamente en el conflicto colombiano, regionalizar la guerra, nada menos para que los latinoamericanos defiendan los intereses geopolíticos de Estados Unidos en América del Sur.

Haití, el país más pobre de América Latina, es otra víctima recurrente del imperialismo imperial. En el reciente derrocamiento del Presidente Aristide que provocó el renacer de la violencia militar y paramilitar en contra del pueblo, fue un producto de un plan conjunto de Estados Unidos y Francia, acordado en el verano de 2003, afirma el periodista y escritor francés Thierry Meyssan en la Red Voltaire sobre el golpe en Haití, citado por el periodista cubano Eduardo González.

Estados Unidos creará una nueva base militar en Haití con el nombre de Centro Operativo de Avanzada (FOL, por sus siglas en inglés) que será complementario a otros centros existentes en el Caribe, con todos los elementos de plataforma portátil de militares emplazados por el Pentágono y la CIA en Aruba y Curazao. A estas se agregan las bases militares que posee en Comalapa en la República de El Salvador, la Base de Manta en Ecuador y la instalación de nuevas bases para la Fuerza Aérea Expedicionaria en Perú, Bolivia, Argentina, Chile y en la Cuenca Amazónica, las que deben estar conectadas con el Centro Espacial de Guerra ubicado en la Base de la Fuerza Aérea Schiever, en Colorado Springs en USA.

El objetivo final del Imperio es controlar en forma absoluta a esta parte del mundo, convertir a los pueblos de América Latina en neocolonias, forzar la concreción de las estrategias de dominación y, naturalmente, apoderarse de los recursos naturales y en especial de las grandes reservas de agua y oxigeno de la Amazonía, a más de ejercer mayores presiones políticas y militares sobre nuestros países.

El periodista argentino Carlos Fazio, citado en un artículo de Liberation, sostiene que las medidas, procedimientos y acciones militares y políticas se encubren con el apoyo de la ultraconservadora Fundación «Heritage», con gran influencia en el Partido Republicano, que recomendó fortalecer el papel del Comando Sur en el Caribe ante la amenaza «terrorista» de Cuba y Venezuela. Pero al igual que ocurre con el Plan Colombia e Iniciativa Regional Andina en América del Sur, la base FOL de Haití servirá no sólo como rampa de lanzamiento de una eventual agresión militar contra Cuba y Venezuela, sino como garante de la «seguridad» de Washington en el Golfo de México, rico en petróleo y gas natural.

El mundo conoce del horror de las guerras y sabe perfectamente que cada guerra de agresión de Estados Unidos es la negación absoluta de los derechos humanos, libertades, soberanía e independencia garantizados por el derecho internacional. ¿Hasta cuándo el mundo, va a soportar la presencia omnímoda del Imperio y sus correrías depredadoras por toda la tierra?