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Nacido en 1926 en Zamora (España), Agustín García Calvo fue catedrático de lenguas clásicas hasta su jubilación en 1992, cátedra interrumpida por el exilio entre 1965 y 1976. Con una estrecha relación con el anarquismo, es autor de libros sobre filosofía y algunas obras de teatro, así como colaborador esporádico con artículos en medios de prensa.

Los retales aquí reproducidos, están obtenidos de textos disponibles libremente en la web del ministerio de educación y ciencia español, escritos entre los años 1998 y 2004. Un detalle; es por la propia forma de ser del autor, es por lo que uno se encuentra por ejemplo que no usa la letra 'x', o que cambia otras palabras (como en el título de la serie de escritos, "Para internet con destino a los alumnos de istitutos y a sus profesores")

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Va a ser algo duro seguramente leer y entender las cosas que aquí se digan, pero también más interesante y regocijado que recibir las que recibís habitualmente.

Porque es que aquí, en general, se os va a decir lo contrario de lo que suelen deciros vuestros mayores, padres, instructores y demás, creyendo cumplir con su obligación cuando os lo dicen.

Vamos a intentar liberarlos a ellos de esa carga de obligación y a vosotros de la carga de tener que recibir esas instrucciones y las ideas acerca del Mundo que con ellas os trasmiten, y de creer que tenéis que hacerles caso y tomároslas como si fueran la verdad misma.

No son la verdad: no son más que la realidad, a la que ellos sirven y a la que se quiere que sirváis vosotros. Y, como iremos viendo, que la realidad sea verdadera y tenga que ser así, está muy lejos de ser verdad.

Por ejemplo, se supone que lo que estáis haciendo ahí, en escuelas, istitutos o universidades, es estudiar, o sea trabajar y sacrificaros, con vistas al Futuro, para conseguir ser algo el día de mañana.

Ese mañana toma a veces la forma de pasar el examen de fin de curso, o de medio curso o de trimestre, o cualquier plazo que la Dirección mande.

Otras veces tomará la forma de la futura carrera, oposición o proyecto de vida que hayáis de seguir para llegar a ser eso que desde pequeños os han enseñado a creer que queréis ser cuando seáis mayores.

Pero, en todo caso, se tratará de trabajar y penar ahora para recibir mañana el premio.



Bueno, pues aquí seguramente se os va a decir, lo que ya sentís vosotros por lo bajo, que no es verdad que tengáis un futuro conocido, por el cual debéis penar y sacrificar lo que podáis disfrutar y descubrir ahora.

Que esa fe en el futuro para lo que sirve de hecho es para que ni siquiera sintáis amor ninguno por lo que estudiáis, puesto que sólo es para el examen, para tener un puesto el día de mañana.

Al mismo tiempo, se os dirá aquí que esos recursos que algunos de vosotros se buscan (al sentir el vacío que aquí se os crea) de ruidos, drogas, deportes y otros entretenimientos, no valen tampoco mucho, porque son demasiado obedientes a lo mismo.

Habéis nacido en este Estado del Bienestar, que es simplemente el Régimen del Dinero, que necesita esa Fe, ese Futuro y esas falsedades para sostenerse.

Pero a vosotros, para vivir, para sentir y pensar, no os hacen ninguna falta: por el contrario.

Y alguna vez han de empezar algunos (¿por qué no vosotros mismos?) a descubrir las mentiras del Régimen y a encontrar maneras de vivir que no sean las que el Dinero y su Futuro imponen.

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Parece fácil decir «No», rebelarse contra lo que nos venden, contra lo que nos mandan. No es tan fácil; pero no es tampoco tan desesperado.

Lo que suele desviar al «No» de su intento, lo que lo embrolla y lo estropea es que se hace en nombre de algo positivo: que no se atreve uno a decir «No» sencillamente, sino que lo convierte en reclamación de otra cosa a la que sí que se dice «Sí». Eso deja la rebelión sin fuerza, entregada a la asimilación, a la reintegración al Orden, a servir a que las cosas cambien para seguir igual.

Por ejemplo, es claro que hay que decir «No» a la Escuela, a los Planes de Estudio, rebelarse contra la miseria y falsedad de la Ciencia, saberes y rollos que se nos manda embotellar con vistas a los exámenes sucesivos: hay algo que nace del corazón, de debajo de la persona de uno mismo, que siente repugnancia, hastío y odio, de todos los planes y saberes impuestos desde Arriba.

Y a eso, a esa voz que nos viene de lo común y lo más hondo, que vuestros mayores quieren que matéis cuanto antes, en nombre de vuestra Voluntad y vuestro Futuro, pero que sigue a pesar de todo viva haciendo sentir el disgusto y falsía de estudios y examinaciones, a ésa es a la que hay que oír y dejar que diga «No» por vuestra boca.

Pero, si esa rebelión se deja convertir en una reclamación de Otros Planes de Estudio, de una Educación más justa o sana, etcétera, pues ya estamos en las mismas.

O bien, si se hace en nombre de la Libertad Personal de uno, de que a uno no le gusta estudiar o no le gusta ese Profesor o ese Sistema, y que uno tiene derecho a hacer con su vida lo que quiera, etcétera, pues lo mismo: el «No» ha perdido su gracia, esa fuerza que venía de por bajo de mí mismo, y ya todo está sirviendo al Cambio, al cambio de Sistema, al cambio de Vida, para seguir igual.

O, por ejemplo, se nos manda comprarnos una moto y aprender las marcas de motos, se nos hace, con un pretesto u otro, tragar televisión o videos, se nos hace aprender los nombres del roquero infame de turno y acudir en masa a gritar en el estadio, se nos manda (siempre con pretesto de que eso es lo que nos gusta) meternos el fin de semana en la discoteca a aturdirnos con algún brebaje y mucho ruido, o, si no, lanzarnos atados a un cable desde el puente, para sentir la emoción y ver hasta dónde llega el Hombre, y hasta se nos obliga a lucir en la camiseta las marcas de las Empresas y las Instituciones.

Y, a pesar de todo, sigue también levantándose de debajo de nosotros una voz (no mía, sino común) que declara el asco y la falsedad de todos esos entretenimientos; sigue lo que nos queda de vida y de razón rebelándose contra esos sustitutos.

Y es a eso a lo que hay que oír y dejarle que diga «No» por nuestras bocas.

Pero, si hemos llegado a creernos que uno personalmente le va y le mola ese chisme o aquél de los que el Mercado nos coloca, y entre bocata y latita se dedica a discutir con los cofrades, si esta marca o la otra, si este plan o el otro plan, entonces ya todo está hecho, todo marcha para el progreso del Régimen del Bienestar, de la mentira y la administración de Muerte.

Y, sobre todo, si uno cree que el que manda divertirse, ir a la disco o al estadio o a la aventura programada y comprarse uno u otro sustituto, es otro distinto del que manda ir a la Escuela, embotellar para el Examen, tragar con los horarios y las multicopias de los apuntes de la mentira de la Realidad, ése sí que está entregado a que lo engañen y lo metan al servicio del Régimen de uno u otro modo.

No: el que manda estudiar para el Futuro y el que manda cargar con los chismes de diversión prevista y sustitutos de la vida, son precisamente el mismo.

No: es al Régimen entero, a la Realidad (tan falsa como real) a lo que dicen «No» el corazón y la razón que quede viva.

Y hay que tener el valor de negarse a creer en otros sistemas, en otras alternativas positivas: la realidad es la realidad, con todas sus instituciones y sus rollos, ideales y mentiras: no hay otra: por eso hay que hacerla: por eso se le dice «No».

Y lo otro, vivo y verdadero, que de ese «No» surja, eso no se sabe, y hay que no saberlo.

Sólo se sabe cuando se hace, cuando se va haciendo. Pero, para que surja, lo primero es no cambiarlo por otra realidad, otra fe, otro ideal, por otro sustituto: que no sea, ya al nacer, real y muerto.

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Que no os hagan confundir más la Realidad con la verdad. La Realidad es falsa; real, por supuesto, pero falsa; y necesariamente falsa: no puede la Realidad sostenerse más que por medio de las ideas acerca de Ella, esto es, por medio de la mentira, ya que las ideas son mentira todas: la razón, si se la deja, lo descubre a cada paso.

"A cada paso" podéis tomarlo literalmente, y descubrir la falsedad también de la Realidad que se llama física. Recordad los razonamientos de Zenón de Elea, que quizá alguno de vuestros libros haya querido presentaros como superados por la Ciencia y el Progreso. Pero no es así: el corredor, por ejemplo, que está hincado en la raya para lanzarse a la carrera de los 100 metros, antes de recorrer los 100 tiene que recorrer 50, y antes 25, y antes 10, y antes 2, y antes 1/2, y antes 1/8 de metro, y así sin fin, de manera que está claro que nunca podrá empezar a acabar de partir de la raya esa. Y, sin embargo, realmente parte. ¿Qué pasa entonces?:¿que la Realidad no tiene metros ni en realidad los metros pueden dividirse? ¿O que no hay en realidad 'antes' y 'después', que eran, ya según Aristóteles, la esencia del Tiempo real mismo? ¿O es que en realidad la línea esa que os pintan, por ej. en las gráficas de funciones, no tienen puntos y, si os señalan en ellas puntos, es mentira? Hombre, todavía, si cogieras al corredor en marcha, por una cinta continua de espacio y otra de tiempo... Pero el punto de arranque de la carrera ¿cómo no va a ser un punto? Y de ése, en verdad, no puede arrancar el corredor más que mintiendo.

Y es bueno que percibáis claramente la necesaria falsedad de la Realidad física, si acaso no estáis del todo conformes con las otras realidades que os imponen o que os venden y pensáis rebelaros contra ellas: pues esas realidades, la del Dinero, la del Poder, la del Trabajo, han inventado también la Realidad física como medio de sostener la propia necesidad de sus mentiras; así que no cabe intentar decirles "No" a esos fantasmas, tan reales, que pesan sobre la gente, sobre los corazones y la razón común, si no se está dispuesto a reconocer la necesaria mentira de la Realidad.

Por otra parte, que la Realidad es falsa os lo revelan sus propios representantes: Padres, Autoridades, Educadores, Letras vendidas, y por sobre todo la Televisión, os pregonan cada día la Realidad, tratan de convenceros, con ideas, con imágenes, de que es verdad que la Realidad es así, de que la realidad es la realidad; y ¿entonces?: si de verdad la Realidad fuese lo que es de por sí y sin más, ¿qué falta haría que os la pregonaran cada día y que tan feroz y constantemente procuran que os la creyérais?

Pues eso mismo, ya veis, es una sugerencia de que no es tan seguro que sea verdad la Realidad, y a partir de ahí , puede irse descubriendo la necesidad de su mentira.

Bueno, pues la Realidad es falsa, y ¿qué?: ¿qué pasa? Pues nada, no hay por qué temblar tampoco: la Realidad es falsa, pero la primera y mayor de sus falsedades es la proclamación de este axioma o artículo de Fe: que la Realidad es todo lo que hay. Pero eso es mentira: la Realidad no puede ser todo lo que hay: siempre hay algo más, algo que por ello mismo puede levantarse contra la Realidad, empezando por descubrir la mentira de las ideas que la sostienen.

Preguntáos qué hay, aparte de la consabida Realidad, qué hay por ahí, por allá fuera y por ahí dentro, que no es real evidentemente, pero que evidentemente lo hay, que siente y que se siente, que se razona y que razona, que protesta y se levanta contra la Realidad.

O también, si hace falta, preguntádmelo a mí mismo, el caso es que no dejéis de seguir intentando averiguarlo y cada día más desengañadamente descubrirlo. Pero no olvidéis, en todo caso, que cualquier cosa que no sea real, pero que la haya, ha de tener la condición de que no se la puede de verdad nombrar ni tener idea de ella, que hay que dejarla vivir y que ella haga, por otros sitios y por nosotros mismos, lo que pueda.

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No puede uno, no, enamorarse a voluntad de algo ni de alguien, no puede uno enamorarse porque quiere: hay una contradicción entre eso del sentimiento y eso de la voluntad (de la mentira que somete el amor a la voluntad y la persona es de lo que se sostiene la falsía de la Realidad y del Mercado con sus Días de Padre y sus Sanvalentines), y lo más que uno puede hacer en eso, como en la última os decía, es tratar de quitar estorbas, quitar de en medio algo de la persona de uno, de sus creencias, proyectos y fantasías personales, y así dejarse lo más desnudo y desprevenido, a ver si por caso entonces le pasa de veras algo.

Por ello es que, cada vez que le pasa a uno eso de enamorarse de algo o alguien o, mejor dicho, cada vez que se sospecha que puede que le haya pasado algo de eso (porque de eso uno nunca puede estar seguro), está sintiendo, o puede que esté o que haya estado sintiendo, algo que vive por debajo de la Realidad, algo que, como la Realidad es necesariamente falsa, vive de verdad y sigue viviendo a pesar de todo, a pesar también de uno mismo.

Así es como el sentimiento (desmandado) obra a la par con la razón (desenfrenada) y, en contra de la falsedad que os imponen, que contrapone razón con sentimiento, el sentimiento verdadero viene a descubrir, lo mismo que los razonamientos que aquí hemos tratado de dejar razonar a ratos, la falsedad de la Realidad: podríamos decir, si cuidamos de que no nos equivoquen las metáforas, que es el corazón el motor que pone en marcha la lógica de la razón.

La condición para que pueda suceder alguna vez tal maravilla es, como siempre, una negación costante: vas tirando, por supuesto, vas cumpliendo mal que bien con los deberes que te mandan (no hay por qué perder demasiado tiempo en rebeldías y cabreos por las pejigueras que la vida real te pone por delante, y muchas veces es más económico fingir que bueno, que se obedece), y al mismo tiempo vas dejando que te pase, que se haga por medio de tí, alguna cosa de veras, de las que siempre son posibles, gracias a que la Realidad no es todo y por tanto las posibilidades son sin fin; pero, para ello, no dejas que se te olvide nunca, mantienes vivo el recuerdo, que te viene de lo más hondo de tu niño perdido y de antes del comienzo de la Historia, de que esas cosas de la Realidad con las que juegan, tan serios, los mayores serán todo lo reales que quieran, pero también falsas, ideales, fantasías, ilusiones: el recuerdo de aquel "No, no era esto, no era esto".

O sea no creer: la Fe es lo solo que sostiene la Realidad, como lo ves claramente en la realidad de las realidades, el Dinero, el cual, tan ideal y fantástico como real que es, no puede sostenerse un momento ni tener fuerzas para seguir cambiando la vida posible de la gente por una administración de muerte y de futuro, si no es fundándose en la Fe, en que las poblaciones crean y sigan creyendo en Él , en que tú mismo, como Persona real que te dicen que eres, acabas rindiéndote y creyendo en Él y en la Realidad toda. De manera que la condición primera de que pueda pasarte algo contra eso está en la pérdida de la Fe, en el no creer, o creer lo que menos se pueda.

Es de ahí de donde pueden, a la vez, nacer ratos de olvido, ratos de descuido en que, contra la orden del Señor, que quiere reducir toda vida a su Futuro, y contra la real voluntad de uno mismo, a lo mejor le pasa a uno algo, que le deje vivir, que lo deshaga un poco de su realidad, y, a la vez con ello, surgir algún descubrimiento verdadero, un descubrimiento de ésos que no sirven a la confirmación de las ideas de la Realidad, como sirven de ordinario la Ciencia y la Cultura toda ordenada desde Arriba, sino acaso para lo contrario.

No creer, creer menos, perder algo de Fe: eso es todo lo que te toca hacer por tu parte: algo en tí, que no es tuyo, se encarga de lo demás.



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– Pues a mi me ha gustado: ¿verdad, Chano?

– Muy interesante; y muy bien iluminados los encuadres.

– Y a ti, Tía Katrina, ¿qué te ha parecido?

-Pero vamos a ver, pareja de tórtolos domesticaos, quien os ha mandado a vosotros venir a visitar ese tinglao de creaciones plásticas?, y encima traerme a mi de carabina, que maldita la falta que os hago.

– Pero, tía, si es el acontecimiento artístico del siglo, ¿verdad Chano?

– Y lo que ha costao, que hasta han tenido que sacar algunos de las cámaras de los bancos de Nueva york y Tokio.

–¡La mayor muestra de Abstraccionismo Impresionista!

– Sí, niña, ABS, pronuncia bien la B, que se vea lo culta que eres. Tu debes haberte quedao tontita pa los restos. Ya a tu padre se le veía por donde iba la tendencia.

– No me la corte así, doña Katrina. No me va a negar usté el valor de esas obras, de los nombres más famosos de la revolución cultural de Boston.

– Corta tú, honesto Feliciano. ¿Cómo puedes, a tu edad, tragarte esas gilipolleces? Y que cuanto más gordas, más te debía costar tragártelas. Vamos a ver, hombre: ¿es que has sentido algo delante de alguno de esos armatostes y alfeñiques? O tú, Sandrina, tan sensible como eres, ¿has sentido algo?

– ¿Cómo “sentir”? Pues...

–Nada: no habéis sentido nada. No veniais a eso: veníais a aburriros como ostras viudas, pero sin daros cuenta, disimulando el bostezo, cumpliendo con el deber. Y ¿sabéis por qué no puede ahí sentirse nada? Por que el sentimiento os lo han cambiado por el juicio, por que tenéis que decidir si os ha gustado o no os ha gustado, y así, juzgando, con el juicio, no puede sentirse nada.