Este pasaje en América latina fue la base para que en los años 60 toda una generación de cristianos y teólogos se plantearan y todavía se planteen esta pregunta: ¿cómo anunciar el amor y la misericordia de Dios a los millones que pasan hambre y están condenados a ser no-personas? Solamente anunciando a un Dios vivo y liberador, aliado de los pobres y excluidos, podemos sin cinismo y con verdad decir: Él es efectivamente un Dios bueno y misericordioso. Las palabras del Éxodo se actualizaron para nuestra generación: ?Vi la opresión de mi pueblo, oí sus gritos de aflicción, conozco sus sufrimientos. He venido a liberarlos... vete, te envío para que liberes a mi pueblo.?(Ex 3,7-10). Estas palabras fueron dirigidas a cada uno de nosotros, a cada Iglesia, a cada conciencia mínimamente ética y humanitaria

Dios habita, sí, en una luz inaccesible. Es un misterio insondable con el que no se puede jugar. Pero ante el sufrimiento humano, deja su trascendencia, toma partido por los oprimidos contra sus opresores y decide intervenir, animando a profetas como Oseas y suscitando líderes como Moisés para liberar a sus hijos e hijas humillados y ofendidos.

En los años 70 los oprimidos eran los pobres económicos y en función de unas mínimas condiciones de vida y de trabajo se formuló un proceso de liberación social y política a la luz de la fe. En los años 80 los
indios y negros como oprimidos históricos de nuestros pueblos eran animados a ser ellos mismos sujetos de su liberación. En los años 90 se enfatizó la singularidad de la liberación de las mujeres, sometidas desde hace milenios al patriarcalismo e invisibles en la sociedad. Buscan ser actoras de la historia en pie de igualdad con los hombres, diferentes y complementarios.


Todos ellos gritan por vida y libertad. Importantes sectores de las Iglesias históricas se organizaron para responder al grito de los oprimidos. Y lo hicieron mediante la práctica liberadora a través de las comunidades eclesiales de base, de innumerables centros de defensa de los derechos humanos, de las pastorales sociales por tierra, casa/ salud, educación y seguridad, mediante la lectura liberadora de la Biblia u otras asociaciones o grupos de reflexión social (Como Golconda en nuestra patria o algunos sectores de la acción católica)

La reflexión que se fue haciendo a partir de estas prácticas se llama teología de la liberación. Es la teología de las Iglesias que tomaron en serio la liberación de los pobres y excluidos. Por eso está presente
fuera de América Latina, en África, en Asia, y en los grupos de los países centrales comprometidos con la justicia internacional, con la causa feminista y con la ecología.

La teología de la liberación intentó mostrar, y lo logró, que la fe judeo-cristiana puede ser un elemento de movilización social en función de cambios profundos en la sociedad que traigan más justicia para todos, más participación para los marginados, y más dignidad para los injustamente humillados. Un cristiano por el hecho de ser cristiano puede ser un auténtico revolucionario (Se podría hacer un martirologio de Colombianos muertos por esta causa. Camilo Torres, Domingo Lain, Gerardo Valencia Cano, Manuel Pérez, Isaías Duarte etc.) . Somos herederos de alguien que por su anuncio y práctica libertadora fue perseguido, preso, torturado y crucificado. Su resurrección significa una insurrección contra el orden de este mundo que legitima discriminaciones, sacraliza privilegios, y hace imposible la convivencia con justicia, cuidado, compasión y paz.

Cristo con su insurrección nos motiva y obliga a dar la vida por los demás, especialmente los oprimidos, pues no vasta con rezar y dar limosna, Dios bendice y ama las manos que trabajan mas que la boca que reza vivir esto significa vivir la verdadera espiritualidad humana, que no es un monopolio de las Iglesias y religiones, sino la dimensión más profunda del ser humano. Por ella percibimos que todas las cosas del universo no están yuxtapuestas unas a otras sino inter-retroconectadas entre sí.

Un eslabón liga y religa todo, constituyendo la sagrada unidad del universo. Ese eslabón secreto es la Fuente originaria de todo ser. Es lo que todas las religiones llaman Dios, misterio de vida y de ternura, cuyo nombre no se encuentra en ningún diccionario, sólo en el corazón humano.

El empeño de todo filosofo, Cristiano, teólogo, trabajador por la dignidad del hombre, sembrador de la liberación integral, debe de ser pensar y repensar, vivir y trasmitir este mensaje: Que el Pueblo necesita ser liberado, que debemos romper las cadenas de la opresión, que no se puede seguir viviendo en un mudo de desigualdades y discriminaciones pues todos somos iguales, todos tenemos un mismo origen y un mismo destino. Estamos llamados a ser no el rico Opulon sino el buen lazaro. Hemos llegado a una encrucijada en la que debemos decidir el futuro que queremos. Y queremos mantener la familia humana. Nuestra misión es celebrar la grandeza de la creación y religarla al Seno de donde viene y para donde va, con amor, compromiso, sin temores y dispuestos a darlo todo hasta la victoria

RICARDO SEMILLAS