CUMPLE CON TUS OBLIGACIONES

Al ir por la vida, inevitablemente, uno contrae obligaciones. De hecho, uno nace con ciertas obligaciones, y estas obligaciones tienden a acumularse de ahí en adelante. No es una idea nueva ni original que uno tiene una deuda con sus padres por haberlo traído al mundo, por criarlo. Los padres merecen reconocimiento por no alardear de ello más de lo que lo hacen. Pero no obstante, es una obligación; hasta el niño lo siente. Y según la vida continúa su curso, uno acumula otras obligaciones: hacia otras personas, hacia los amigos, hacia la sociedad e incluso hacia el mundo.
Es un perjuicio extremo para una persona no permitirle satisfacer ni saldar sus obligaciones. En gran medida, la ?rebelión de la niñez? la causa el que otros se nieguen a aceptar las únicas ?monedas? que un bebé, un niño o un joven tienen, con las cuales descargar el ?peso de la obligación?: las sonrisas del bebé, los esfuerzos torpes del niño por ayudar, el posible consejo del joven o simplemente el esfuerzo por ser un buen hijo o una buena hija por lo general no reciben reconocimiento ni aceptación; pueden estar mal dirigidos, a menudo mal planeados; y se desvanecen con rapidez. Tales esfuerzos, cuando no logran saldar la enormidad de la deuda, pueden ser reemplazados por un sinfín de mecanismos o racionalizaciones: ?uno no debe nada en realidad?, ?para comenzar, a mí se me debía todo?, ?yo no pedí nacer?, ?mis padres o tutores no sirven para nada?, y ?no merece la pena vivir, de todas formas?, por citar unos pocos. Y sin embargo, las obligaciones continúan acumulándose.
El ?peso de la obligación? puede ser una carga agobiante si uno no puede encontrar la manera de liberarse de ella. Esto puede causar toda clase de trastornos individuales o sociales. Cuando no se puede saldar, aquellos a quienes se les debe, se encuentran, a menudo inadvertidamente, siendo el blanco de las reacciones más inesperadas.
Uno puede ayudar a una persona que se encuentra con el dilema de sus obligaciones y deudas impagadas, simplemente repasando con él o ella todas las obligaciones que ha contraído y que no ha satisfecho ?morales, sociales y financieras?, e ideando alguna manera de saldar todas aquellas que la persona siente que aún debe.
Uno debería aceptar los esfuerzos de un niño o de un adulto para saldar las obligaciones no financieras con las que se puede sentir deudor. Uno debería ayudar a encontrar una solución que sea de conformidad mutua para el pago de las deudas financieras.
Desalienta a una persona de contraer más obligaciones que las que realmente sea capaz de saldar o pagar.
Es muy difícil viajar por el camino a la felicidad cuando uno está cargando con el peso de las obligaciones que a uno se le deben o de las que uno no se ha liberado.
De L. Ronald Hubbard